Un poco de historia

Finalizaba la década del 70 cuando una severa lesión radicular me provocaba dificultades de movimiento del  brazo derecho, disminución de fuerza y sensibilidad, y  todo esto acompañado de un dolor agudo y constante. La ciencia no contaba entonces con tomógrafos ni resonadores; por lo que los diagnósticos eran más dificultosos. Así comenzó mi deambular buscando respuestas hasta que al cabo de varios meses di con un excelente neurocirujano, quién además de un veraz diagnóstico y correcto tratamiento, me habló del estilo de vida, de la exigencia, del perfeccionismo y me aconsejó la práctica del yoga.

Así comenzó mi camino en busca de un instructor que me acompañara en el proceso de encontrarme con mis recursos que me condujeran al bienestar. Pasé por varias escuelas y de cada una aprendía algo. Sin embargo, aunque mi brazo mejoró yo seguía en un estado de insatisfacción, pero no me daba por vencida y estudiaba cuanto curso se presentaba, practicaba a diario e investigaba las enseñanzas de los grandes maestros. Hasta que un día sin proponérmelo estaba meditando y mi búsqueda concluyó. Sólo en mi meditación sentí la unidad y comprendí que el maestro verdadero estaba conmigo, que sólo debía abrir el corazón, calmar mi mente para que la conciencia se expandiera y entonces sentí la necesidad de transmitir eso maravilloso que cualquier persona puede lograr, quitando residuos, rompiendo creencias, atreviéndose a vivir con alegría.

“De la aparente dificultad surgió la oportunidad y la aproveché”.

 Por eso te invito a recorrer tu Senda.

 Con luz

             
           Graciela Palomeque. 

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